Que no jueguen con tu salud, aléjate de las dietas milagro.

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Nos vamos acercando a la Navidad, y con el nuevo año son muchas las personas que quieren perder esos kilos de más que han cogido en las fiestas.

Ante todo decir que no por el hecho de que sean Navidades, hay que “despendolarse” y comer todo tipo de alimentos sin ninguna medida ni reparo. Con esto no quiero decir que no se puedan comer turrones, polvorones y demás dulces típicos, pero sí que hay que hacerlo con cierta cabeza.

Esta fase de “adelgazar lo cogido en Navidades” comienza después del Día de Reyes, y muchas personas deciden optar por las llamadas dietas milagro. ¿Por qué? pues porque prometen una rápida pérdida de peso sin esfuerzo alguno.

Este tipo de “dietas” están ampliamente difundidas en la televisión, por personajes famosos que dicen hacerlas, en revistas de moda y en todo tipo de librerías donde ocupan gran parte de los pasillos de alimentación, y esto hace que muchas personas se decanten por ellas, principalmente por desconocimiento sobre nutrición y dietética y también por sus rápidos y milagrosos resultados.

Pero todo eso no es más que la búsqueda de beneficios económicos de los autores de estas dietas milagro (sin conocimientos científicos ni profesionales en el ámbito de la nutrición) a costa de la salud del consumidor.

¿Por qué tienen tanta fama? ¿Por qué hay tantas personas que las siguen?

Estas dietas (en general) producen una restricción calórica, y ante esta situación nuestro organismo reacciona destruyendo las proteínas corporales, lo que provoca una pérdida de la masa muscular.
Al perder masa muscular, las personas que siguen este tipo de dietas se suben a la báscula y… ¡oh! Han bajado varios kilos solo durante las primeras semanas. Además en muchas ocasiones se pierde más peso todavía, ya que se utilizan fármacos diuréticos.

¿Qué problemas puede acarrear el seguimiento de una dieta milagro?

Además de deficiencias de nutrientes, alteraciones en el metabolismo, monotonía alimentaria, aumento del riesgo de padecer enfermedades cardiovasculares y diabetes y otras enfermedades, el efecto secundario más conocido y el que se produce en la gran mayoría de personas es su insostenibilidad en el tiempo favoreciendo el efecto rebote.

Como bien indica la AESAN, la tendencia exacerbada a la recuperación del peso se produce porque las situaciones de ayuno ponen en marcha potentes mecanismos nerviosos y hormonales que se oponen a la pérdida de peso: mayor rendimiento del metabolismo corporal, con un mayor ahorro energético e incremento del apetito. Estos mecanismos conducen a una rápida recuperación del peso perdido en cuanto se vuelve a comer de la forma habitual. Ese peso recuperado se debe predominantemente a la formación de  tejido graso, que es, precisamente, el que origina problemas de salud y el que deberíamos reducir con la dieta (como se demostró ya en los experimentos realizados por el gran científico español de la nutrición Profesor Grande Covián hace 30 años).

¿Cómo reconocer una dieta milagro?

Estas son las características de las dietas fraudulentas según el Grupo de Revisión, Estudio y Posicionamiento de la Asociación Española de Dietistas-Nutricionistas:

– Prometen resultados rápidos.

– Prometen resultados asombrosos o “mágicos” (Ej.: “cura milagrosa”, “ingrediente secreto”, “antiguo remedio”, “punto de estimulación del hambre”, “termogénesis” etc.).

– Prohíben el consumo de un alimento o grupo de alimentos.

– Contienen afirmaciones que contradicen a colectivos sanitarios de reputación reconocida.

– Incluyen relatos, historias o testimonios, sin documentar, para aportar credibilidad.

– Se pueden auto-administrar o implementar sin la participación de profesionales sanitarios cualificados (“hágalo usted    mismo”).

–  Contienen listados de alimentos buenos y malos.

– Exageran o distorsionan la realidad científica de un nutriente o alimento.

– Incluyen o se basan en el consumo de preparados que vende quien promueve el tratamiento dietético.

– Los preparados a consumir (productos dietéticos o similares) tienen un coste muy elevado si los comparamos con el valor económico de obtener los mismos resultados comiendo alimentos comunes.

– Garantizan los resultados o prometen “devolver el dinero” si no funciona.

– Afirmaciones que sugieren que el producto es seguro, ya que es “natural”.

– Suelen desligarse de los posibles efectos adversos de su uso con frases parecidas a: “el autor o el fabricante no se responsabiliza de…”.

– Conclusiones simplistas extraídas de un estudio científico complejo.

– Recomendaciones basadas en un único estudio, o en estudios realizados con pocas personas (muestra no representativa), seguidas durante un breve espacio de tiempo (suelen acompañarse de frases como “descubrimiento científico”).

– Recomendaciones basadas en varios estudios realizados en animales o en modelos celulares (in vitro)

– Recomendaciones basadas en estudios sin revisión por pares (peer reviewed).

– Recomendaciones a partir de estudios que ignoran diferencias entre individuos o grupos.

En conclusión, si quieres perder peso, aléjate de las dietas que prometen resultados milagrosos y que sacan beneficio económico jugando con tu salud.

Déjate asesorar por un profesional para que realice un plan de alimentación personalizado y adaptado a tus necesidades, y lo más importante, que aprendas a comer saludablemente.

La única combinación para perder peso y mantenerlo en el tiempo es una alimentación equilibrada y saludable y la realización de ejercicio físico 🙂

Sara Garcés Carcas

Dietista

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